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UNA TARDE CON MONITA SALERO

Roser Virgili nos cuenta el secreto detrás de las agujas.
Roser Virgili es, a sus 54 años, el alma de Monita Salero: una pequeña empresa de cuatro personas que ha revolucionado el sector de la ropa infantil. Desde su casa de Barcelona -que es a la vez su hogar y el cuartel general de Monita Salero- Roser idea y diseña todos sus productos y los confecciona de forma artesanal. Cada pieza es única y tiene estilo propio, por lo que nunca hay dos iguales. Huye de la automatización porque ama lo que hace. Sus diseños habitan en su cabeza, sus únicos instrumentos son sus manos.
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Un salto al vacío
Tras toda una vida dedicada al interiorismo, Roser se encontró falta de proyectos. Pero lejos de quedarse parada, saltó: convirtió su falta de proyectos en un proyecto de vida y transformó su pasión en su profesión. Su familia, lejos de cuestionar su decisión, le apoyó desde el primer minuto y a día de hoy sus dos hijos le acompañan como parte activa en este fascinante proyecto. Igual que en los orígenes de quesos Angulo, lo que empezó como un proyecto personal se convirtió en una ilusionante empresa familiar. El éxito de su modelo es una sorpresa, porque su principal motivación es ser feliz con su profesión. Y no puede dejar de ser feliz porque sabe que los niños, su gran pasión y fuente de inspiración, son los destinatarios de sus creaciones.
No tiene prisa por llegar a los sitios
Roser tiene muy claro que no tiene prisa por hacer crecer su negocio. Quiere crecer, pero sin correr. Sin sacrificar su estilo. Simplemente aspira a tener un pequeño hueco dentro del amplio mundo infantil. Nunca bajará la calidad de sus materiales para ganar más, ni entregará piezas que no le enorgullezcan. No tiene la presión de los resultados porque su reto es a largo plazo y su objetivo es ser feliz haciendo lo que hace.
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